El Centro Deportivo Olmedo cayó 2-4 ante Mushuc Runa, equipo consolidado en la LigaPro y actual protagonista en la Copa Sudamericana. Fue más que un simple encuentro amistoso: fue una prueba de fuego para medir carácter, temple y evolución frente a un rival de peso internacional.
Desde el pitazo inicial, la jerarquía del “Ponchito” se hizo sentir. Con casi todo su once titular en cancha, no tardaron más de cinco minutos en golpear dos veces la portería riobambeña, evidenciando las diferencias físicas, tácticas y de ritmo. Los delanteros visitantes, veloces y precisos, aprovecharon cada desajuste de una defensa olmedina aún en formación. El “Ciclón” no encontraba el balón, pero tampoco perdió el alma.
En medio de la tormenta, Jeremy Batioja encendió una chispa. Con coraje y creatividad, logró conectar algunos pases filtrados que rompieron la presión rival y generaron espacios. Fue el primer atisbo de rebeldía. El descuento llegó tras un balón detenido ejecutado con clase y concentración, capitalizando un error rival pero también mostrando que, cuando se cree, se puede.
Para la segunda mitad, Olmedo salió con otra actitud. Más agresivo, más compacto, más ambicioso. Apostó por la presión alta y transiciones veloces, pero el esfuerzo físico pasó factura. Mushuc Runa, con oficio y experiencia, supo contener la reacción y amplió la ventaja a 4-1, dejando en claro por qué compite en torneos internacionales.
Ya en los últimos 15 minutos, con variantes en ambos bandos, el equipo de Riobamba volvió a pisar fuerte. Encontró el segundo gol y mostró una cara más valiente, más suelta, más propia. En ese tramo final, los suplentes dieron una grata sorpresa: movilidad, intensidad y hambre de protagonismo.
Para Olmedo, esta derrota no deja heridas, sino aprendizajes. Enfrentar a un rival de élite sirvió para mirar con claridad dónde están las brechas, pero también para reconocer virtudes y talentos que pueden ser el cimiento de un equipo competitivo. Porque, a veces, perder también enseña a ganar.





